Bretaña: una región tempestuosa situada en el extremo más occidental de Europa ante la inmensidad del océano Atlántico. Aquí se hallan vestigios de civilizaciones hundidas bajo las aguas, monumentos de granito de la arquitectura medieval y la tecnología más avanzada. Todo ello da fe de la autoestima obstinada y encantadora de los bretones, que sólo llevan 500 años perteneciendo a Francia. Con su apasionante historia como telón de fondo, Bretaña está viviendo un gran auge como destino turístico, algo normal si se tiene en cuenta la variedad de sus paisajes de costas escarpadas, las playas de arena dorada y su rico patrimonio cultural.<br>Los lugareños tienen razón al recomendar visitar la costa de la Finistère francesa fuera de los meses de verano. Entonces, el término “salvaje” adquiere un significado muy distinto: los impetuosos vientos atlánticos dispersan las nubes y el océano ruge espumoso. La costa refleja la verdadera personalidad de los bretones: un temperamento controvertido.<br>En Mont-St-Michel empieza la Bretaña actual; hace mucho tiempo la frontera quedaba más al este. En estas tierras fértiles abunda la vegetación frondosa y en los lugares protegidos del viento la flora es casi mediterránea, pero el paisaje se va asilvestrando cada vez más en dirección oeste, mientras que la vegetación va desapareciendo. Si antes las rocas estaban pulidas con formas redondeadas debido a la acción del viento y del agua, ahora son puntiagudas y abruptas. Aquí es donde se termina el mundo: estas palabras se oyen a menudo en el Pointe du Raz, la costa más famosa de Bretaña. Aquí uno acaba entendiendo por qué los bretones valoran tanto los contrastes de su región: en bretón Finistère recibe el nombre de Penn ar bed, el principio del mundo. En la vida todo es cuestión de perspectiva...
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